viernes

Para Destouches, para Céline

En un tiempo –y buenos tiempos eran aquellos- tuvimos un amigo, el mejor recordable, con el que tropezamos sin método aquí y en Baires. Era pobre, casi de profesión, casi menesteroso. Tal vez exagerara: no usaba camisa, prefería las alpargatas. Estaba, exigencias de la edad, descubriendo el mundo. Se encontró entre otras cosas, con Viaje al fin de la noche, novela de un tal Dr. Destouches, médico de barrio en París, que prefería firmarse Luis Ferdinando Céline. Aquel perdido –tal vez no para siempre- amigo, al que llamaremos Robinson por comodidad, se excitaba en veladas caseras o de boliche y llegaba a recitar, más o menos, con frases que sólo adolecían de la improbabilidad de estar demasiado bien construidas:

-Fue en vísperas de la guerra, de la segunda, que logramos atrapar este libro. O él estaba destinado a atraparme a mí. Viaje era feroz y fue escrito para mostrarme y confirmar la ferocidad del mundo. Puede ser que se trate de una gran mentira, armada con talento. La gente no es egoísta ni miserable, no envejece, no se muere de golpe ni aullando, no engendra hijos que padezcan lo mismo. Los objetos, los amores, los días, los simples entusiasmos, no están destinados a la mugre y la carcoma. Céline miente, entonces; vivió en el paraíso y fue incapaz de comprenderlo. Pero existe algo llamado literatura, un oficio, una manía, un arte. Y Viaje es, en este terreno, una de las mejores cosas hechas en este siglo.

Aquel Robinson le sacó horas al trabajo, al sueño, a la comida y al amor. Tradujo Viaje y recorrió editoriales ofreciendo gratuitamente lo que él creía una admirable versión del argot al semi lunfardo.

Siempre le dijeron que no. El libro, el resultado, era impublicable por razones de moral. A pesar de que los porteños no contaban aun con un cretino siquiera comparable al Fiscal de la Riestra. Del que gozan hoy con toda justicia.

Acaso la traducción de Robinson fuera mala, simplemente, y las excusas de los editores no pasaran de eso. Robinson terminó por resignarse y es posible que hoy se dedique a escribir novelitas inspiradas en Céline. A fin de cuentas se encuentra bien acompañado. Algo semejante le ocurrió con J.P.Sartre (lo confiesa) y con sus epígonos de la literatura o charla existencial. Se les ve Viaje a través de la ropa, a través de los simulacros de violencia y cinismo.

Como el Buen Dios cree que los zapateros deben dedicarse a los zapatos, nos ha prohibido y preservado de la crítica literaria. Se trata, pues, de divagar un poco con motivo de la segunda –tercera- edición en español que conocemos de Viaje al fin de la noche. Acaba de publicarla la Fabril Editora y la firma Armando Bazán. Es indudable que Bazán conoce más francés y español que el pobre Robinson. Pero prefirió -¿por qué?- olvidarse, apartar, amansar, adecentar, licuar a Luis Ferdinando Céline. Cualquier burgués progresista, cualquier buen padre de familia –de los que tienen amplitud de criterio, claro- puede comprar este Céline-Bazán, leerlo y darle permiso a su señora esposa para que lo haga. Pero el pobrecito Robinson ha de estar calculando cuánto tiene que ver el sucio perro rabioso llamado Destouches con este bien criado pomerania que ya ha comenzado a agotarse. En las librerías, claro.

¿Por qué –otra vez- Viaje fue traducido a un correcto español (habíamos escrito gallego pero nos convencieron de que más vale no) en lugar de preferir el rioplatense, en lugar de preferir la grosería y el desaliño de un Roberto Arlt, por ejemplo? Y, se comprende, no estamos hablando de realismo sino de la verdad, cosa por entero distinta.

El cada vez más humilde Robinson objetaría –no tiene talento pero sí memoria- que el miserable doctor Destouches rehizo nocturnamente su obra una exacta docena de veces antes de jugar a la lotería de enviarla a los editores.

Han pasado muchos años desde la primera edición de Viaje. Parece absurdo comentar o decir la novela. Y el único motivo de estas líneas es que Ángel Rama nos pidió una ayuda para las páginas literarias de Marcha y se la estamos dando con analfabetismo y buena voluntad.

Ya se ha dicho que esto no pasa de una nota periodística. Como se trata de distraer al lector, agregaremos algunas precisiones o leyendas. Tanto da.

-Cuando el doctor Destouches –que deseaba y logró romperle el espinazo a la sintaxis francesa- se sintió satisfecho o harto de su docena de versiones, repartió por correo varias copias entre las editoriales. Esto ya se dijo. Pero el medicucho olvidó agregar nombre y dirección. El único editor que comprendió su grandeza sólo pudo ubicarlo gracias a que entre las hojas del mamotreto se había deslizado una cuenta de lavandera.

-Céline, hombre de un solo libro, a pesar del resto, hombre de un solo tema (Destouches), escribió varias tonterías. Entre ellas, un pésimo panfleto antisemita (inexplicablemente editado por Sur) que lo obligó a disparar de Francia cuando la caída del nazismo. Consiguió asilo en casa de un admirador (Copenhague). Pero impuso una condición: viviría en la casilla del perro. Sus biógrafos no dicen una sola palabra respecto al desalojado.

-El mencionado panfleto había despertado la simpatía de Otto Abetz, embajador de Alemania en Francia. Y al defenderse de la acusación de nazismo, Céline se presentó al tribunal de depuración diciendo por escrito y con escándalo: «¿Yo antisemita? Abetz me ofreció encargarme del problema judío en Francia y no acepté. Si hubiera dicho que sí, a esta hora no quedaría un solo judío vivo en Francia».

Y algo para terminar. En Viaje Céline eligió la ferocidad, la mugre y el regusto por la bazofia con singular entusiasmo. Sin embargo un artista se parece a una mujer porque tarde o temprano acaba por aceptar fisuras y confesarse. En este caso hablamos del amor y la ternura. Hay que copiar la despedida entre Ferdinando y Molly, la prostituta que lo mantenía en los Estados:

«-Ya vas a encontrarte lejos, Ferdinand. Ya estás haciendo, ¿no es cierto amigo mío? lo que más te gusta. Y esto es en realidad lo más importante... Esto es lo único que cuenta en este mundo...

El tren entraba en la estación. Yo no me sentí muy contento con mi nueva aventura cuando vi la locomotora. Molly estaba allí, mirándome. Yo la besé con todo el valor que aún me quedaba en el esqueleto. Tenía pena, pena verdadera, por una sola vez, por todo el mundo, por mí, por ella, por todos los hombres.

Y esto es quizá lo que se busca a través de la vida; nada más que esto: el más grande sufrimiento posible a fin de llegar a ser uno mismo antes de morir.

Muchos años han transcurrido ya desde el día de aquel viaje, años y años... Yo he escrito frecuentemente a Detroit y también a otros sitios, a todas las direcciones que yo podía recordar, a todos los lugares donde podían conocerla, o darme razón de ella. Nunca recibía la anhelada respuesta.

En la actualidad aquella casa está clausurada. Es todo lo que yo he podido saber. ¡Nobilísima, encantadora Molly! Yo quiero que si ella puede leer alguna vez esto que escribo en un lugar cualquiera, desconocido para mí, sepa con toda evidencia que yo no he cambiado para ella; que la amo todavía y para siempre, a mi manera; que ella puede venir hacia mí cuando quiera a participar de mi techo y de mi furtivo destino. Si ella no es ya bonita, como era, pues bien: eso no tiene la menor importancia. Ya nos arreglaremos. Yo he podido guardar tanta belleza de ella en mí mismo, tan vívida, tan cálida, que tengo bastante para los dos y por lo menos para veinte años aún; el tiempo de acabar para siempre...

martes

Hasta siempre, Ana María

La escritora Ana María Matute ha fallecido en Barcelona, la ciudad que la vio nacer hace 88 años.
La noticia la hemos podido conocer a través del Twitter de la RAE, quienes han sido los primeros en hacerse eco del fatal acontecimiento, puesto que la escritora ocupaba la letra K en la Real Academia Española.
Premio Cervantes y Premio Príncipe de Asturias de las Letras, Ana María forma parte de la historia de las letras hispánicas gracias a sus novelas, que plasmaron con realismo la situación social y política de la España en la que estaban ambientadas sus obras. ‘Olvidado Rey Gudú’, ‘Los Abel’ o ‘La Torre Vigía’, fueron algunas de sus obras con más éxito, esas que conseguirán que la escritora viva por siempre cada vez que alguien empiece con su lectura.
Las historias infantiles y juveniles la convirtieron en la cuenta-cuentos oficial de muchos niños, que crecieron con la magia de sus palabras y narraciones únicas, que los acompañaba antes de irse a dormir.
Se nos va Ana María con una obra pendiente de publicación; una novela que terminó la escritora hace unos meses y que tendrá que salir a la venta cuando su autora no pueda disfrutar del resultado final.
Hasta siempre, Ana María.

lunes

Entrevista a Juan Carlos Onetti por Ricardo Piglia

(Para realizar este reportaje enviamos a JCO, más que una lista de preguntas, una serie de temas y cuestiones ligados a “La novia robada” en particular y a su obra en general. Sus respuestas no necesitan comentario ni encuadre: hablan y se justifican por sí mismas, de allí que hayamos preferido incluirlas sucesivamente, sin entorpecerlas con interrupciones o agregados. Ricardo Piglia)

No recuerdo cuándo escribí "La novia robada". ¿De dónde viene ese cuento? Convendría hablarle de inspiración y trance y medium. Porque cada vez que mi amigo Sherlok Holmes le explicaba deducciones a Watson éste pensaba con desencanto: "Elementary Holmes". En literatura todo es elementary hasta que se produce una reunión misteriosa que no necesita –ni soporta- más adjetivos. Era una niña muy hermosa que trabajaba o concurría a una embajada en Montevideo. Tuvo novio, se comprometió, hizo un viaje a Europa para comprar encajes, puntillas o lo que sea necesario para un vestido de novia. Cuando volvió, el prometido mostróse renuente. (Perdón: me divierte escribir en gallego y otros galleguean hasta conseguir un gran premio nacional y tal vez, de propina, un gallego joven.)
Cuando supe: -¿Y ahora? Laura Dolores se hará un uniforme de novia para ir a la embajada, para viajar en taxi, para recorrer vidrieras. Era un mal chiste; pero yo lo estuve viendo así. A esto se agrega la historia de una mujer que cincuenta años atrás se paseaba vestida de novia, en noches de luna llena, por el jardín de un caserón de Belgrano (R). En algún momento las cosas se juntaron y tuve que escribir el cuento de un tirón como se escriben todos los cuentos, aunque después se corrija, alargue o suprima.

No; no puedo decirle nada del cuento en general ni de su autonomía ni de cuánto pesa en lo que llevo escrito. Cuando a uno le ocurre un cuento no tiene más remedio que liquidarlo por lo más en un par de días o noches. Y, por lo menos, el esqueleto. Cuando la ocurrencia es una novela, hay que resignarse y tenerla y escribir un año o dos.
En ambos casos, la palabra fin es en verdad la última palabra. La historia, aventura o ensueño queda liquidada para siempre. Ya no me importa, ya no es mía. Se trata de algo que alguien hizo y que yo no leeré. Ni siquiera para corregir pruebas. En cuanto a límites y ventajas, debe haber algún candoroso error. Si usted escribe una novela, sabe confusamente que existen fronteras mucho más lejanas que las que impone el cuento. Si su agradable tortura es un cuento, también reconoce la imposición de un límite. Pero en ningún caso se trata de ventajas. Piense en Kipling y en Quiroga. Cuando quisieron hacer novelas el viaje terminó en fracaso. A mi juicio, Perogrullo tenía razón: todos los temas narrativos están condenados a ser cuentos, short stories, long short stories, nouvelles o novelas o cualquier otra dimensión que hayan inventado las revistas porteñas en las últimas semanas. Con frecuencia, el escritor se equivoca. Pero, personalmente, no creo que busque “ventajas”. Hablo de los que tienen talento, que, por otra parte, son los únicos que cuentan.

domingo

Esbjerg, en la costa - JUAN CARLOS ONETTI



Menos mal que la tarde se ha hecho menos fría y a veces el sol, aguado, ilumina las calles y las paredes; porque a esta hora deben estar caminando en Puerto Nuevo, junto al barco o haciendo tiempo de un muelle a otro, del quiosco de la Prefectura al quiosco de los "sandwiches". Kirsten, corpulenta, sin tacos, un sombrero aplastado en su pelo amarillo; y él, Montes, bajo, aburrido y nervioso, espiando la cara de la mujer, aprendiendo sin saberlo nombres de barcos, siguiendo distraído las maniobras con los cabos.
Me lo imagino pasándose los dientes por el bigote mientras pesa sus ganas de empujar el cuerpo campesino de la mujer, engordando en la ciudad y el ocio, y hacerlo caer en esa faja de agua, entre la piedra mojada y el hierro negro de los buques donde hay ruido de hervor y escasea el espacio para que uno pueda sostenerse a flote. Sé que están allí porque Kirsten vino hoy a mediodía a buscar a Montes a la oficina y los vi irse caminando hacia Retiro, y porque ella vino con su cara de lluvia; una cara de estatua de invierno, cara de alguien que se quedó dormido y no cerró los ojos bajo la lluvia. Kirsten es gruesa, pecosa, endurecida; tal vez tenga ya olor a bodega, a red de pescadores; tal vez llegará a tener el olor inmóvil de establo y de crema que imagino deber haber en su país.

viernes

Carta abierta a mi nieto



“Dentro de seis meses cumplirás 19 años. Habrás nacido algún día de octubre de 1976 en un campo de concentración. Poco antes o poco después de tu nacimiento, el mismo mes y año, asesinaron a tu padre de un tiro en la nuca disparado a menos de medio metro de distancia. El estaba inerme y lo asesinó un comando militar, tal vez el mismo que lo secuestró con tu madre el 24 de agosto en Buenos Aires y los llevó al campo de concentración Automotores Orletti que funcionaba en pleno Floresta y los militares habían bautizado “el Jardín”. Tu padre se llamaba Marcelo. Tu madre, Claudia. Los dos tenían 20 años y vos, siete meses en el vientre materno cuando eso ocurrió. A ella la trasladaron -y a vos con ella- cuando estuvo a punto de parir. Debe haber dado a luz solita, bajo la mirada de algún médico cómplice de la dictadura militar. Te sacaron entonces de su lado y fuiste a parar -así era casi siempre- a manos de una pareja estéril de marido militar o policía, o juez, o periodista amigo de policía o militar. Había entonces una lista de espera siniestra para cada campo de concentración: Los anotados esperaban quedarse con el hijo robado a las prisioneras que parían y, con alguna excepción, eran asesinadas inmediatamente después. Han pasado 12 años desde que los militares dejaron el gobierno y nada se sabe de tu madre. En cambio, en un tambor de grasa de 200 litros que los militares rellenaron con cemento y arena y arrojaron al Río San Fernando, se encontraron los restos de tu padre 13 años después. Está enterrado en La Tablada. Al menos hay con él esa certeza.

Me resulta muy extraño hablarte de mis hijos como tus padres que no fueron. No sé si sos varón o mujer. Sé que naciste. Me lo aseguró el padre Fiorello Cavalli, de la Secretaría de Estado del Vaticano, en febrero de 1978. Desde entonces me pregunto cuál ha sido tu destino. Me asaltan ideas contrarias. Por un lado, siempre me repugna la posibilidad de que llamaras “papá” a un militar o policía ladrón de vos, o a un amigo de los asesinos de tus padres. Por otro lado, siempre quise que, cualquiera hubiese sido el hogar al fuiste a parar, te criaran y educaran bien y te quisieran mucho. Sin embargo, nunca dejé de pensar que, aún así, algún agujero o falla tenía que haber en el amor que te tuvieran, no tanto porque tus padres de hoy no son los biológicos -como se dice-, sino por el hecho de que alguna conciencia tendrán ellos de tu historia y de como se apoderaron de tu historia y la falsificaron. Imagino que te han mentido mucho.

sábado

Estados de ánimo - MARIO BENEDETTI


A veces me siento
como un águila en el aire.
                -Pablo Milanés
 

Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.
 

Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.
 

A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme. 

jueves

Gabriel García Márquez

           
Si alguien llama a tu puerta, amiga mía,
y algo en tu sangre late y no reposa
y en su tallo de agua, temblorosa,
la fuente es una líquida armonía.

Si alguien llama a tu puerta y todavía
te sobra tiempo para ser hermosa
y cabe todo abril en una rosa
y por la rosa se desangra el día.

Si alguien llama a tu puerta una mañana
sonora de palomas y campanas
y aún crees en el dolor y en la poesía.

Si aún la vida es verdad y el verso existe.
Si alguien llama a tu puerta y estás triste,
abre, que es el amor, amiga mía.


domingo

Prohibido rasgar

             

En el villorrio en que nací y fui malcriado por exceso de cariño se publicaba un periódico semanal. Se llamana El Censor, lo que me obliga a recordar que existieron en este mundo censores obligados por cuestión de hambre y otros por también condicionado congénito espíritu de oferta.

El Censor había sido fundado y luego mantenido por el boticario del pueblo, un tal Barthé, disgustado con el comisario de apellido olvidado e intercambiable. El origen de la enemistad, según recuerdo, fue una vaca habitualmente intrusa en pasto ajeno.
Tal vez por esto, y con cierta frecuencia, algunos de los editoriales de El Censor se remataban con esta tremenda frase: "Insistiremos, señor comisario".
Y el rencor de don Barthé aumentaba, sin razón, porque cada vez que había fiesta en el pueblo el caballo del comisario ganaba todas las carreras. Trotamundos con muchas etiquetas en sus valijas me han asegurado que lo mismo sucede en todo lugar.
Pero cuando llegaban a El Censor cartas con denuncias más graves que el caso de la vaca acusada de intrusismo, don Barthé se lavaba las manos y recurría a gruesas letras de imprenta para anunciar: "Recibimos y publicamos". Claro que el plural era gratuito.
Pero, sea como sea, es el título que debe encabezar la fiel reproducción de la carta que acaba de mandarme mi recordado cuervo visitante de una noche e imperdonable ladrón, o crítico literario, como él prefirió llamarse. Cuestión de gustos. Firma como Crown. Recibo y publico:
"Despreciable anfitrión: Otra tormenta estuvo jugando con sus papeles y luego los miré a vuelo y vista de pájaro. Formaban una curiosa confusión: poesía con artículos periodísticos, dramas con fragmentos de novela. Cómico; pero me dicen que tal entrevero de géneros es en estos días lo más in de lo in. Paso a trabajar".

lunes


viernes

El argentino que se hizo querer de todos


Por Gabriel García Márquez
   Fui a Praga por última vez hace unos quince años, con Carlos Fuentes y Julio Cortázar. Viajábamos en tren desde París porque los tres éramos solidarios en nuestro miedo al avión y habíamos hablado de todo mientras atravesábamos la noche dividida de las Alemanias, sus océanos de remolacha, sus inmensas fábricas de todo, sus estragos de guerras atroces y amores desaforados.
   A la hora de dormir, a Carlos Fuentes se le ocurrió preguntarle a Cortázar cómo y en que momento y por iniciativa de quién se había introducido el piano en la orquesta de jazz. La pregunta era casual y no pretendía conocer nada más que una fecha y un nombre, pero la respuesta fue una cátedra deslumbrante que se prolonga hasta el amanecer, entre enormes vasos de cerveza y salchichas de perro con papas heladas. Cortázar, que sabía medir muy bien sus palabras, nos hizo una recomposición histórica y estética con una versación y una sencillez apenas creíbles, que culminó con las primeras luces en una apología homérica de Thelonius Monk. No sólo hablaba con una profunda voz de órgano de erres arrastradas, sino también con sus manos de huesos grandes como no recuerdo otras más expresivas. Ni Carlos Fuentes ni yo olvidaríamos jamás el asombro de aquella noche irrepetible.
    Doce años después vi a Julio Cortázar enfrentado a una muchedumbre en un parque de Managua, sin más armas que su voz hermosa y un cuento suyo de los más difíciles: La noche de Mantequilla Nápoles. Es la historia de un boxeador en desgracia contada por él mismo en lunfardo, el dialecto de los bajos fondos de Buenos Aires, cuya comprensión nos estaría vetada por completo al resto de los mortales si no la hubiéramos vislumbrado a través de tanto tango malevo; sin embargo, fue ese el cuento que el propio Cortázar escogía para leerlo en una tarima frente a la muchedumbre de un vasto jardín iluminado, entre la cual había de todo, desde poetas consagrados y albañiles cesantes, hasta comandantes de la revolución y sus contrarios. Fue otra experiencia deslumbrante. Aunque en rigor no era fácil seguir el sentido del relato, aún para los más entrenados en la jerga lunfarda, uno sentía y le dolían los golpes que recibía Mantequilla Nápoles en la soledad del cuadrilátero, y daban ganas de llorar por sus ilusiones y su miseria, pues Cortázar había logrado una comunicación tan entrañable con su auditorio que ya no le importaba a nadie lo que querían decir o no decir las palabras, sino que la muchedumbre sentada en la hierba parecía levitar en estado de gracia por el hechizo de una voz que no parecía de este mundo.
    Estos dos recuerdos de Cortázar que tanto me afectaron me parecen también las que mejor lo definían. Eran los dos extremos de su personalidad. En privado, como en el tren de Praga, lograba seducir por su elocuencia, por su erudición viva, por su memoria milimétrica, por su humor peligroso, por todo lo que hizo de él un intelectual de los grandes en el buen sentido de otros tiempos. En público, a pesar de su reticencia a convertirse en un espectáculo, fascinaba al auditorio con una presencia ineludible que tenía algo de sobrenatural, al mismo tiempo tierna y extraña. En ambos casos fue el ser humano más importante que he tenido la suerte de conocer.

Juan, por Osvaldo Bayer

El 8 de diciembre de 2007 se publica en la Contratapa de Página/12 esta nota escrita por Osvaldo Bayer, en ocasión del Premio Cervantes a Juan Gelman, titulada simplemente “Juan“.
 
“Juan ha recibido el premio que se merecía. La alegría de ver su nombre en las tapas. El premio a las letras que forman las palabras. A las palabras que envuelven los sueños. Juan, el poeta de las calles, de los barrios, de las plazas. Del dar la mano. Juan tiene mano de orfebre, de sembrador, la mano que acaricia la vida, pero que se vuelve puño en los tiempos humillados.
Me acuerdo de cuando lo conocí. Por los años cincuenta. Unas reuniones de poetas, escritores con esperanzas más que jóvenes. Optimistas de pura sangre. Revistas literarias, que no se dan nunca por vencidas. Aparecen, reaparecen, se pierden, surgen, siempre nuevas. Ya era poeta, Juan. Nosotros éramos literatos, periodistas, ensayistas, novelistas, cuentistas. El era poeta. En los años sesenta los sorprendí caminando adelante, a unos veinte metros de mí, a él y a Raúl. Claro, Raúl González Tuñón. Quién otro. Estoy seguro de que iban recitando “La costurerita que dio aquel mal paso”. Evaristo Carriego. El poeta que debe haberlos despertado del sueño a los dos.
Juan, después, los sesenta. No sólo siguió escribiendo poesía todos los días. Sino que también se metió con todo en la lucha contra una sociedad que creaba villas miseria en las pampas más ubérrimas de la Tierra. La lucha, sus búsquedas. Sus libros siempre presentes, uno tras otro. Cada vez más comprometido. Dando la frente a los uniformes de turno. Pero Juan se daba tiempo también para remar en el cielo buscando estrellas y amaneceres, ninfas y silencios.
Juan ahí, tomando la revolución por la puerta delantera, sin interpretaciones academicistas. Pero siempre poeta. Con sus ojos más allá.
Pero la Muerte, de pronto. La Muerte de uniforme. Generales, almirantes, brigadieres, comandantes, comisarios generales, secretarios privados. Y los civiles marianizados de siempre con sus sonrisas genuflexas. Y Juan siguió en las trincheras de la vanguardia.
Hasta que vino la derrota. El dolor profundo. Me escribiste a Berlín, Juan, desde Roma, el 27 de mayo de 1979. No te dabas por vencido. Me comunicaste que seguías trabajando “en un proyecto político que tiende a crear una síntesis a partir de la derrota, un proyecto que, antes o después, me regresará al país”. Y buscabas la razón de tu tristeza y me decías: “La pelea por conseguir una política más sensata, la pérdida de tantos compañeros, el secuestro de mi hijo, de su compañera, del nieto por nacer, me distrajeron de mi condición de desterrado, me hicieron rotar por un limbo extraño, contradictorio, fantasmal y, muchas veces, alucinado”. Y agregabas algo para emocionarse en esos años de tantas luchas: “En poco más de un año escribí cinco libros de poemas con un par de obsesiones recurrentes. Una, el amor, una mujer amada; otra, la derrota, la muerte de los compañeros, mi hijo. Supongo que todo eso me distrajo también de mi condición de desterrado. Sólo ahora la empecé a admitir. Lo que escuché durante esa semana me llevó a reflexionar y escribir, que es mi manera de reflexionar sobre el exilio, nuestro exilio”.
Te contesté de inmediato desde Berlín, donde vivía yo el injusto destierro, así: “Querido Juan: no puedo decir alegría, más bien algo así como un agradecido deseo nostálgico de recordar, de recordar tu rostro de antes y de imaginarme el de ahora, con la belleza que da el sufrimiento a los nobles; eso es lo que sentí al recibir tu carta. He seguido tu lucha. Te he comprendido en todos tus pasos. Yo no puedo ser juez de un hombre de lucha, de un hombre de la permanente vanguardia, de un hombre que es la negación del oportunismo y el ejemplo puro del buscador nunca resignado. Juan: te he seguido más que en todo eso, en tu poesía. Las hemos leído mil y una vez en las reuniones de solidaridad aquí en Europa. La última, en Berlín, el público escuchó tus versos –magníficamente leídos por dos actores alemanes– como quien se halla en un oficio divino. Por eso, Juan, ves que todo está allí, en tu obra, para siempre. No la podrán ni destruir ni matar ni secuestrar ni torturar ni encarcelar. Está y estará allí, permanente. Ese convencimiento tiene que ser tu reposo, tu tranquilidad. Porque la lucha pasada, presente y futura, está en tu poesía. Que el reposo no te remuerda pensando en que la mejor poesía tiene que ser la acción. Porque por sobre tu ejemplar vida de luchador resplandece la poesía. Descansa ahora de la acción, no como resignación, sino como paso al vuelco total hacia la poesía. Las próximas generaciones esperan: van a querer saber de la poesía de la resistencia. Y tienes que estar vos, ya con la cabeza allí, en eso, fuerte, más fuerte que nunca acerado por los seres queridos que ellos hicieron desaparecer, por sus voces que escucharás todos los días, por los compañeros perdidos ya más allá del límite del horizonte. Ahora, Juan, la concentración de las fuerzas en la creación, que para ti es perennemente poesía. El limbo fantasmal y alucinado tiene que dar paso ya a la sonrisa segura, generosa, del triunfo del poeta sobre los enemigos del canto del gallo, sobre los enemigos del sol”.
Ahí mismo le propuse escribir un libro que se llamara “Exilio”. Juan aceptó de inmediato.
Cuando leí hace unos días que Juan había obtenido una distinción así, volví a repetir lo que siempre me llena de satisfacción: el triunfo final de la ética. Alguien tan perseguido como Juan, con el eterno dolor de haber perdido a su hijo y a su nuera embarazada por obra de la bestial represión militar, era reconocido ahora como un poeta fundamental del presente. En cambio, los que lo persiguieron ya están malditos por todas las generaciones. Quisieron matar la poesía y surgió la pluma que derrotó todas las armas, todos los instrumentos de tortura, la desaparición.
Así dice Juan en Exilio: “No era perfecto mi país antes del golpe militar. Pero era mi estar, las veces que temblé ante los muros del amor, las veces que fui niño, perro, hombre, las veces que quise, me quisieron. Ningún general le va a sacar nada de eso al país, a la tierrita que regué con amor, poco o mucho, tierra que extraño y que me extraña, tierra que nada militar podrá enturbiarme o enturbiar”.
Y así fue. A Juan le acaban de dar un ramo de flores. Hemos aplaudido los que lo conocemos y los que lo leen.
Juan, poeta y luchador por la sonrisa de los niños. Juan Gelman.”

Osvaldo Bayer

lunes

Carlos Páez Vilaró

El artista uruguayo falleció esta mañana en Casapueblo a los 90 años, según confirmaron sus familiares; también dejó su huella en Buenos AIres, donde vivía hace tres décadas

El artista plástico uruguayo Carlos Páez Vilaró, murió esta mañana a los 90 años en Casapueblo, su obra más emblemática, confirmaron sus familiares.
"Murió hablando con su médico en Buenos Aires", contó hoy su hijo Carlos en diálogo conArriba Argentinos, de El Trece, sin precisar los motivos de su muerte. "Estuvo hasta los 90 años lúcido, trabajando", agregó.
En Punta Ballena, esta mañana ya izaron una bandera negra en señal de luto en el frente de Casapueblo, esa "escultura habitable" que Páez Vilaró modeló con sus propias manos sobre los acantilados que miran al mar.
El pintor, escultor, muralista, escritor, compositor y director nació en Montevideo el 1°de noviembre de 1923 y pasó gran parte de su juventud en Buenos Aires, adonde volvió a instalarse hace unas tres décadas.
Páez Vilaró dejó su marca registrada en Punta Ballena con su Casapueblo y también en Tigre, donde tenía desde hace 30 años su casa-taller argentina, Bengala.
En la década del 40, tras su estadía en Buenos Aires, volvió a instalarse en Uruguay para centrar su obra en temas del carnaval y el candombe, orientación que lo vinculó a la comunidad afrouruguaya -y, en especial, al conventillo "Mediomundo"- y que lo convirtió en una de las figuras más representativas del carnaval uruguayo, donde participaba en desfiles de las tradicionales "Llamadas".
En 1956 dirigió el Museo de Arte Moderno de Montevideo y fue secretario del Centro de artes populares del Uruguay en 1958.
Entre sus murales figuran además los que decoran la sede de la OEA en Washington, el hotel Contad de Punta del Este, hospitales chilenos y argentinos, y los aeropuertos de Panamá y Haití.

LA BÚSQUEDA DE SU HIJO

Páez Vilaró estaba casado con Annette Deussen y era padre de seis hijos, tres argentinos y tres uruguayos. Uno de ellos, Carlos, fue uno de los rugbiers uruguayos que tuvo un accidente de avión en la cordillera de los Andes en el año 1972, cuando el avión que los trasladaba a Chile se estrelló en plena montaña.
El artista viajó a Chile y encabezó una emotiva operación de rescate hasta finalmente encontrarlo vivo. Páez Vilaró relató esta situación en su libro Entre mi hijo y yo, la Luna.
"Me instalé en Chile los tres meses y veía a Carlitos vivo en todos lados. Le gritaba, corría a abrazarlo y no era él. Pero esa certeza y la cadena de solidaridad espiritual hicieron que lo encontrara. Los chilenos me dieron todo sin pedirme nada", recordó en una entrevista el año pasado.

miércoles

Bélgica Adela "Dedé" Mirabal, la última sobreviviente de las hermanas dominicanas que fueron símbolo de la resistencia a la prolongada dictadura de Rafael Leónidas Trujillo y en cuya memoria la ONU estableció el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, falleció en Santo Domingo a los 88 años.

La fascinación de las palabras – Julio Cortázar y Omar Prego Gadea

Han sido días movidos en lo que ha información refiere. Pero por el momento, hay dos hechos que me han quedado dando vuelta en la cabeza y que quisiera compartir. El primero es de índole nacional. Se trata del cambio que el Ministerio de Educación de Chile propuso en sus Bases Curriculares para Enseñanza Básica 2012 para denominar el periodo político que comprende los años 1973 a 1990, dándolo a llamar "régimen militar" en lugar de "dictadura militar". Yo no soy politólogo, pero entiendo que "régimen" es el sistema político que rige a una nación. En este sentido, “régimen” es un concepto amplio que hace referencia a unas determinadas reglas que norman la dirección del Estado; por lo que podemos hablar de régimen democrático, régimen totalitario y, por supuesto, régimen militar. Sin embargo, según también entiendo, una de las funciones de las Ciencias Sociales es describir con precisión el conjunto de los procesos sociales y políticos que han marcado la formación y evolución de una sociedad, lo que incluye la organización y adminitración de su Estado. Y si todo intento de descripción supone un esfuerzo por precisar determinadas cuestiones, entonces, ¿por qué mencionar con un término tan amplio unos hechos sociales y políticos para los cuales existe una palabra que los define con precisión: “dictadura”? No es mi intención caer en el debate del contexto en que ocurre esta reformulación del Ministerio de Educación: justo ahora que de turno hay un Gobierno de derecha. No, mi inquietud no se fija ahí, más allá de la lógica que existe en esta formulación; sino que voy al punto de cómo una vez más la Historia –con mayúscula– es manipulada por el poder y, a pesar de que hoy se recule en el cambio de “dictadura” a “régimen”, nadie asegura que en el futuro esto no suceda y, ante una mínima o nula oposición, el cambio termine por imponerse. Entonces nos queda la pregunta: ¿quién escribe la Historia? ¿Los pueblos? ¿A quién, entonces, le confiamos nuestra historia? La respuesta pareciera ser a nuestra frágil memoria, o quizás al diccionario:

Régimen: 2. m. Sistema político por el que se rige una nación.
Dictadura: 3. f. Gobierno que, bajo condiciones excepcionales, prescinde de una parte, mayor o menor, del ordenamiento jurídico para ejercer la autoridad en un país.
4. f. Gobierno que en un país impone su autoridad violando la legislación anteriormente vigente.
Democracia: 1. f. Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno. 2. f. Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado.

El segundo hecho corresponde al ámbito internacional. Hace rato que venía escuchando sobre la Ley SOPA (Stop Online Piracy Act), pero no me había dado el tiempo de saber de qué se trataba. Finalmente, hoy me puede informar de algo a propósito del apagón cibernético que se dice están planeando Google, Twitter, Wikipedia y Facebook como protesta para el 23 de enero, un día antes de que se vote el mentado proyecto en el Congreso de Estados Unidos. El tema es muy complejo, pues de aprobarse la Ley, el Gobierno estadounidense tendrá la atribución de cerrar cualquier sitio web que infrinja la legislación de propiedad intelectual, y además, sancionar con penas monetarias y de cárcel a sus administradores. El problema que identifico es que se está confundiendo la acción de piratear con la de compartir. Entiendo que para la web, “piratería” es la acción de reproducir una obra sin permiso de su autor o de quien tenga los derechos para usarla con fines comerciales; en tanto que “compartir”, es poner a disposición determinados contenidos, con o sin permiso de sus autores o representantes, con la exclusiva finalidad de difundir información. Por ejemplo, este espacio llamado La antiguedad de los días, comparte fragmentos o textos completos de diverso tipo para difundir cultura y opinión; en ningún caso se solicita dinero por visitar el sitio o consultar su contenido. De hecho, se intenta ser lo más riguroso posible en citar las fuentes de las que se obtienen los textos para que este espacio sirva de vitrina, o de sinopsis si se quiere, para que lectores y lectoras se incentiven a leer los textos completos o profundizar en ellos. No obstante, de aprobarse la Ley SOPA –y dependiendo de sus alcances, pues no sabemos aún si solo regirá para Estados Unidos o tendrá alcance mundial–, puede que este humilde blog tenga que cesar sus funciones.

Termino de escribir estas líneas y, la conclusión a la que llego, es que en ambos casos la amenaza se cierne sobre las palabras; y de paso, en nuestro conocimiento, pues se obstaculiza el acceso a la información: en un caso a lo que respecta a su precisión –y que tiene que ver con la perdurabilidad del hecho, e incluso, si nos ponemos rigurosos, con su veracidad–, y en el otro a su circulación. Finalmente, esto solo termina empobreciendo nuestra capacidad de análisis, de debate y, sobre todo, nuestra cultura.





La fascinación de las palabras



“La fascinación que me producía una palabra, las palabras que me gustaban, las que no me gustaban, las que tenían un cierto dibujo, un cierto color. Uno de mis recuerdos de infancia estando enfermo (yo fui un niño bastante enfermo, me pasaba largas temporadas en la cama con asma y pleuresía, cosas de ese tipo) consiste en verme escribiendo palabras con el dedo, contra una pared. Yo estiraba el dedo y escribía palabras, las veía armarse en el aire. Palabras que ya, muchas de ellas, eran palabras fetiches, palabras mágicas.

jueves

Mi imagen y yo


En algún papel leí, hace años, que el infierno estaba minuciosamente conformado por los ojos ocupados en mirarnos. La frase, entonces, no era de Borges ni de Sábato ni de Sartre ni mía. [...]
En cuanto a mí, hace años que aprendí el arte de afeitarme al tacto, para evitar la opinión del espejo, para acudir al trabajo sin el peso de otra depresión. Es que mi imagen – ustedes me lo muestran – avanza, desde hace tiempo, separada de mí. Mientras yo permanezco adolescente, calmo, interesado en lo que importa, bondadoso y humilde por indiferencia y por la asombrosa seguridad de que no hay respuestas, ella, mi cara, ha envejecido, se ha puesto amarga y tal vez esté contando o invente historias que no son mías sino de ella.
Juan Carlos Onetti en Sara Facio, Alicia D'Amico: Retratos y Autoretratos. Ediciones de Crisis, Buenos Aires 1973

miércoles

viernes

Rodolfo Walsh



El campo del intelectual es por definición la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante y el que comprendiendo no actúa tendrá un lugar en la analogía del llanto pero no en la historia viva de su tierra.

Rodolfo Walsh

jueves

La literatura es mi amante

El escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, de 84 años, acaba de publicar su última novela, Cuando ya no importe (Alfaguara). Es un libro es crito en noches de insomnio, en el que el autor demuestra ser fiel a su mundo: el escenario mítico de Santa María, algunos de sus personajes más queridos, el burdel de siempre y paisajes y personas perfectamente reconocibles para sus lectores habituales.

Es como una inmensa ballena blanca varada, que nunca abandona la cama, de esas de hospital que permiten sobrevivir con el tronco erguido. A su alrededor yacen no los restos del naufragio, no los fardos que ha arrojado a la orilla el mar, sino sus utensilios, los que le escoltan.Alardea de su incurable pereza; a Onetti le cuesta publicar, pero no escribir, "¿Que si escribir ayuda a vivir? Sí, sin duda". Onetti enciende un cigarrillo al que al rato dejará a su suerte, olvidado en un cenicero. "Escribir es una felicidad".

Y lo dice mientras echa una ojeada rápida a su última novela, Cuando ya no importe (Alfaguara). "Este último libro lo escribí acá en noches de insomnio, porque ahora se me ha cambiado el sueño, vete a saber por qué razones misteriosas, y me he pasado las noches escribiendo, y muy feliz de hacerlo. Siempre he tenido la sensación de que escribiendo uno está agarrado a la cola de la vida... ".

En este libro aparece de nuevo el escenario mítico de Santa María y todo su mundo. Pero, ¿por qué vuelvo siempre al mismo mundo imaginado? Ah, eso no lo sé".


A su edad, y con la obra que tiene ya a sus espaldas, tal vez pueda sentir Onetti que se está despidiendo de la literatura. "Sí, sin duda, y creo que esta vez he tenido, si no de forma totalmente consciente, la sensación de que esto es lo último que voy a escribir. Sería corno mi testamento literario, para decirlo en español, ¿no?, que ustedes son muy grandilocuentes. He percibido ese presentimiento, sí, y qué".

sábado

Reflexiones treintañales

Tarde en mi vida he llegado a comprender que también yo estoy asistido por el privilegio de encontrar manuscritos anónimos y bien conservados. El truco ha sido tan fatigado en tareas literarias que no podré evitar un poco de vergüenza al transcribirlo. Pero en este caso me salva la obligación de un cumplimiento. Y ahora copio adecuadamente los amarillentos pergaminos que el ignoto viajero olvidó en un arca que acaba de rematarse en la almoneda de Sotheby´s en Londres.
Escribió el hombre:
“Empleado en una agencia de publicidad de Buenos Aires, se me ordenó trasladarme a Montevideo para organizar una sucursal. Me fue impuesto disfrazarme de ejecutivo. Trajes, abrigo, un Stetson que aún conservo y hasta guantes de pecarí que espero todavía guarde la dama a la que finalmente acabé por regalárselos.
Mas hete aquí que divago y perdonadme. Enrabo y prosigo. Pero mis planes para trasladarme a la muy fiel y reconquistadora ciudad de Montevideo coincidieron con un ataque de malhumor del general Perón o de su señora. Y de aquel pronto malhumorado surgió la prohibición de que se viajara entre Argentina y Uruguay.
De modo que me vi obligado a iniciar mi singladura vía Asunción del Paraguay. Y al fin de mucho papeleo y muchas horas de viaje llegué al aeropuerto de Asunción, y al encuentro con mi amigo Ovando, que abandonó su coche para darme captura. Era muy larga la fila de taxis sin taxímetro que ofrecían servicio a los viajeros supuestamente argentinos que estaban aterrizando. Ovando me eligió, se me impuso; y ese fue su error o su acierto, como el paciente lector juzgará.
Para mi desconcierto, no fue nada más llegar a mi transitorio destino cuando me asaltó –tal como lo hiciera Ovando- la primera de mis sorpresas: mi casi raptor manejaba un lujoso Cadillac con envejecido letrero de “ablande”, oprimiendo los pedales con desnudos, necesariamente sucios, oscuros pies.
También sorprendióme en grado sumo lo que juzgué, erróneamente, falta de respeto en el lenguaje del impuesto mecánico: “¿Dónde vamos, che señor? “, preguntó. Parecióme que el “señor” se adecuaba a mi vestimenta y al mucho dinero del que yo era portador; pero el “che” entrañaba una familiaridad difícil de soportar. Mucho más luego supe que el che señor era allí, en el país tropical, costumbre y respeto.
En tono seco mas no agresivo respondíle que deseaba ser conducido a un hotel ni muy caro ni muy barato. Accedió en silencio y transcurrí aquella noche en cama sin chinches, bajo palio de imprescindible mosquitero.
Pero antes había combinado con el mecánico en patas que a la tarde vendría a recogerme para comprar mi pasaje aéreo.
Así que enfrenté, al día siguiente, separado por pulido mostrador, a una rubia muchacha indudablemente importada. Expuse mis deseos, así como mi pasaporte, y maniobré el rollo de billetes que se me había confiado a fin de obtener mi pasaje. A todo esto, Ovando se había acercado en demasía, casi hombro con hombro. Lo cual mucho preocupóme, porque mi chófer era un indiazo de casi un par de metros de estatura y un ancho pecho que, calculo, doblaba la extensión del mío. Continué exhibiendo ficticio desgarro en mi tarea de rellenar papeles que me imponía la rapaza blonda. Pero mucho barruntaba, es cierto, que planeando estuviera Ovando una falcatrúa de la que seríamos víctimas tanto yo como la nonata agencia montevideana.

viernes

Mandela, símbolo de la lucha contra el Apartheid

JOHANNESBURGO, Sudáfrica.- Su nombre es un símbolo de la lucha por la libertad y la igualdad racial. Y su legado plasmado en su cruzada contra el apartheid, que le costó 27 años de encarcelamiento, vivirá por siempre.

Nelson Mandela, el estadista y premio Nobel de la Paz, no es una luz que se apaga, sino una antorcha encendida que arde en el corazón de sus seguidores y de miles de personas en el mundo que enarbolan la bandera de la libertad.

“Yo no tenía una creencia específica, excepto que nuestra causa era justa, era muy fuerte y que estaba ganando cada vez más y más apoyo”, esta frase, emitida como parte de su discurso de despedida al dejar el cargo como presidente de Suráfrica en 1999, sin duda resume el ideal de un hombre que se entregó en cuerpo y alma para perseguir un ideal colectivo.

Su vida

Mandela nació el 18 de julio de 1918 en Mvezo, un poblado de 300 habitantes cerca de Umtata en el Transkei. Su lucha por los derechos de su pueblo comenzó temprano, cuando renunció a su derecho hereditario a ser jefe de una tribu xosa para convertirse en abogado. Persiguiendo ese sueño de instrucción, al culminar la secundaria se fue a estudiar al Colegio Universitario de Fort Hare donde obtuvo su título de Bachiller en Artes. Ahí fue elegido miembro del Consejo de

Representantes Estudiantiles y fue expulsado junto con un compañero, por participar en una huelga estudiantil. Se trasladó a Johannesburgo, donde en 1941 completó sus estudios de bachillerato por correspondencia en la Unisa. Luego estudió derecho en la Universidad de Witwatersrand, donde se graduó, en 1942, como abogado.

Lucha por la libertad

En 1944 ingresó en el Congreso Nacional Africano (ANC), un movimiento de lucha contra la opresión de los negros sudafricanos. En 1948 llegó al poder en Sudáfrica el Partido Nacional, que institucionalizó la segregación racial creando el régimen del apartheid. Durante esta época, Mandela y el abogado Oliver Tambo dirigen un despacho de abogados que proporciona consejo legal de bajo costo a negros.

En 1962 fue arrestado y condenado por sabotaje, además de otros cargos, a cadena perpetua. Estuvo 27 años en la cárcel, la mayoría de los cuales estuvo confinado en la prisión de Robben Island. Mandela fue el prisionero número 466/64, esto es que fue el preso número 466 en 1964 en la isla de Robben, durante 17 años en precarias condiciones.

Posteriormente pasaría otros 10 años más en otras dos prisiones diferentes, sumando una pena total de 27 años. El gobierno de Sudáfrica rechazó todas las peticiones de que fuera puesto en libertad.Durante su tiempo en prisión, se convirtió en la figura más conocida de la lucha contra el apartheid en Sudáfrica. Pese a que el régimen del apartheid y las naciones aliadas a este lo consideraron junto al Congreso Nacional Africano como un terrorista, su lucha fue íntegra.

En prisión, él y otros privados de libertad realizaban trabajos forzados en una cantera de cal. Las condiciones de reclusión eran muy rigurosas. Los prisioneros fueron segregados por raza y los negros recibían menos raciones. Los presos políticos eran separados de los delincuentes comunes y tenían menos privilegios. Mandela, como prisionero del grupo más bajo de la clasificación, solo tenía permitido recibir una visita y una carta cada seis meses.

Las cartas, si llegaban, eran a menudo retrasadas durante largos períodos y leídas por los censores de la prisión.Mientras estuvo en la cárcel Mandela estudió por correspondencia a través del programa externo de la Universidad de Londres, obteniendo el grado de Licenciado en Derecho. Fue nombrado para el cargo de rector de la Universidad de Londres en las elecciones de 1981, pero ganó la princesa Anne.

En marzo de 1982 el estadista fue transferido de la isla de Robben a la prisión de Pollsmoor, junto con otros altos dirigentes del ANC: Walter Sisulu, Andrew Mlangeni, Ahmed Kathrada y Raymond Mhlaba. Se ha especulado que se trataba de eliminar la influencia de estos líderes en la nueva generación de jóvenes activistas negros encarcelados en Robben Island.

En febrero de 1985 el presidente Botha ofreció su liberación condicional a cambio de renunciar a la lucha armada. Mandela rechazó la oferta, haciendo un comunicado a través de su hija Zindzi diciendo: “¿Qué libertad se me ofrece, mientras sigue prohibida la organización de la gente? Solo los hombres libres pueden negociar. Un preso no puede entrar en los contratos”.

En 1988 fue trasladado a la prisión Víctor Verster, permaneciendo allí hasta su liberación el 11 de febrero de 1990 durante el mandato del presidente Frederik Willem de Klerk, que sustituyó a Botha, quien había fallecido de un infarto.

martes

En el Congreso de los diputados - Dolores Ibárruri (la Pasionaria)


¡Señores Diputados!

Por una vez, y aunque ello parezca extraño y paradójico, la minoría comunista está de acuerdo con la proposición no de ley presentada por el señor Gil Robles, proposición tendente a plantear la necesidad de que termine rápidamente la perturbación que existe en nuestro país; pero si en principio coincidimos en la existencia de esta necesidad, comenzamos a discrepar en seguida, porque para buscar la verdad, para hallar las conclusiones a que necesariamente tenemos que llegar, vamos por caminos distintos, contrarios y opuestos.

El Sr. Gil Robles ha hecho un bello discurso y yo me voy a referir concretamente a él, ya que al Sr. Calvo Sotelo le ha contestado cumplidamente el Sr. Casares, poniendo al descubierto los propósitos de perturbación que traía esta tarde al Parlamento con el deseo, naturalmente, de que sus palabras tuvieran repercusiones fuera de aquí, aunque por necesidad me referiré también en algunos casos concretos a las actividades del señor Calvo Sotelo.

Decía que el Sr. Gil Robles había pronunciado un bello discurso, tan bello y tan ampuloso como los que el Sr. Gil Robles acostumbraba a pronunciar cuando en plan de jefe indiscutible --esto no se lo reprocho-- iba por aldeas y ciudades predicando la buena nueva del socialismo cristiano, la buena nueva de la justicia distributiva se tradujese en hechos de gobierno, cuando el Sr. Gil Robles participaba intensamente en él, tales como el establecimiento de los jornales católicos en el campo, de los jornales de 1,50 y de dos pesetas.

domingo

Alice Munro gana el Premio Nobel de Literatura 2013


La canadiense Alice Munro ganó el Premio Nobel de Literatura 2013 como "maestra del relato corto contemporáneo", informó la Academia Sueca.

Munro, destacó la Academia en su fallo, es aclamada por su "armonioso estilo de relatar, que se caracteriza por su claridad y realismo psicológico".

Considerada por algunos críticos como "la Chejov canadiense", la escritora, nacida en 1931 en Wingham, en la provincia de Ontario, es conocida por sus historias breves y ha publicado numerosas colecciones a lo largo de los últimos años.

Munro, que comenzó estudios universitarios de periodismo e inglés pero los abandonó al contraer su primer matrimonio, escribió sus primeras historias en la adolescencia, aunque publicó su primera obra en 1968, una colección de relatos titulada "Dance of the Happy Shades".

Sus obras suelen tener como escenario pequeñas ciudades donde la lucha por unas condiciones de vida aceptables provoca en ocasiones conflictos morales.

El Nobel de Literatura está dotado con ocho millones de coronas suecas (922.000 euros o 1,3 millones de dólares) y su anterior ganador, en 2012, fue el chino Mo Yan.

Fuente: EFE

jueves

Sous la nuit - ALEJANDRA PIZARNIK

Los ausentes soplan grismente y la noche es densa.
La noche tiene el color de los párpados del muerto.

Huyo toda la noche, encauzo la persecución y la fuga, 

canto un canto para mis males, pájaros negros sobre mortajas negras.

Grito mentalmente, me confino, me alejo de la mano crispada,  no quiero saber otra cosa que este clamor, este resolar en la noche, esta errancia, este no hallarse.

Toda la noche hago la noche.

Toda la noche me abandonas lentamente como el agua cae
lentamente. Toda la noche escribo para buscar a quien me busca.

Palabra por palabra yo escribo la noche.

De "Textos de sombra y últimos poemas" 1982

sábado

Mario Benedetti - Bandoneón

Me jode confesarlo
pero la vida es también un bandoneón
hay quien sostiene que lo toca dios
pero yo estoy seguro que es troilo
ya que dios apenas toca el arpa
y mal

fuere quien fuere lo cierto es
que nos estira en un solo ademán purísimo
y luego nos reduce de a poco a casi nada
y claro nos arranca confesiones
quejas que son clamores
vértebras de alegría
esperanzas que vuelven
como los hijos pródigos
y sobre todo como los estribillos

me jode confesarlo
porque lo cierto es que hoy en día
pocos
quieren ser tango
la natural tendencia
es a ser rumba o mambo o chachachá
o merengue o bolero o tal vez casino
en último caso valsecito o milonga
pasodoble jamás
pero cuando dios o pichuco o quien sea
toma entre sus manos la vida bandoneón
y le sugiere que llore o regocije
uno siente el tremendo decoro de ser tango
y se deja cantar y ni se acuerda
que allá espera
el estuche.


lunes

Los adioses

Pequeño gran libro que contiene una de las primeras novelas cortas -o cuento largo- del maestro uruguayo-porteño-madrileño, publicada por primera vez en 1954. Como ya es usual en esta colección llamada "Cara Cruz", la edición viene acompañada por una jugosa recopilación de ensayos, notas y entrevistas realizadas por diversos autores sobre el autor y su obra.



Sinopsis:



"Un hombre llega a una ciudad de las sierras, donde hacen su cura los tuberculosos. Pasiva pero firmemente se niega a asimilarse a esa vida de sanatorio, de alentada esperanza, que contamina toda la ciudad. Es taciturno, no acepta. Vive sólo para las dos cartas (el sobre manuscrito, el dactilografiado en la máquina de tipos gastados) que llegan regularmente y que son la vía por la que continúa comunicado con el mundo exterior. Un día llega una mujer, autora de una serie de cartas... Otro día, distinto, llega la de las cartas a máquina: es una muchacha fuerte, indestructible, viva: para ella, el hombre ha alquilado un chalet. Con la primera mujer, el hombre vive en el hotel de la «ciudad de las sierras»" (E. Rodríguez Monegal: Literatura uruguaya del medio siglo. Montevideo, 1966, p. 243).



Los adioses (1954)

martes

Mercedes Sosa

"Es un enorme error pensar que el gran cambio tiene que venir desde los partidos políticos. No, tiene que venir desde cada uno. Los seres humanos tenemos que aprender a respetarnos a nosotros mismos y después respetar a los demás. No sé quién dijo que primero tenemos que aprender a tolerar, pero que mejor que eso es aprender a respetar al otro"